TRAUMA VICARIO: CUANDO EL DOLOR DEL OTRO DEJA HUELLA EN TI.
Trauma Vicario: Cuando el Dolor del Otro Deja Huella en Ti
¿Qué es el trauma vicario?
El trauma vicario —también conocido como traumatización secundaria— es una forma de afectación emocional y psicológica que experimentan las y los profesionales que trabajan directamente con personas que han vivido situaciones traumáticas. A diferencia del trauma directo, el trauma vicario no se origina en una experiencia personal, sino en la exposición constante a relatos de dolor, abuso, violencia o pérdidas ajenas.
Este fenómeno impacta con especial fuerza en profesionales de la salud mental, trabajadores sociales, médicos, defensores de derechos humanos, policías, personal forense, rescatistas, abogados y cualquier persona que atiende a víctimas. Escuchar día tras día testimonios desgarradores puede alterar poco a poco el equilibrio emocional del profesional, incluso sin darse cuenta.
¿Cómo se manifiesta?
El trauma vicario no es inmediato ni siempre evidente. Se construye lentamente, a partir de la empatía con las víctimas, el compromiso ético y el deseo de ayudar. Entre sus manifestaciones más comunes se encuentran:
Agotamiento emocional y físico.
Dificultad para “desconectarse” del trabajo.
Cambios en la percepción del mundo: verlo más inseguro, más cruel.
Irritabilidad, tristeza, insomnio o ansiedad.
Despersonalización o cinismo como defensa emocional.
Disminución del sentido de logro profesional o vocacional.
En casos más graves, puede derivar en síntomas similares a los del Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT), afectando tanto la vida personal como la capacidad de seguir trabajando de forma empática y efectiva.
¿Por qué ocurre?
El trauma vicario surge porque las y los profesionales que trabajan con víctimas suelen poner en juego su capacidad de resonar emocionalmente con el otro. Escuchar historias de violencia, abuso o injusticia activa zonas del cerebro similares a las que se activan cuando se sufre un daño propio.
Esta exposición repetida sin estrategias adecuadas de autocuidado, acompañamiento o supervisión puede generar acumulación de malestar, sobrecarga y eventualmente agotamiento. Es una respuesta humana, no un signo de debilidad: sentir profundamente lo que otros han vivido es, de hecho, parte de lo que nos hace buenos profesionales.
¿Qué se puede hacer?
Reconocer el trauma vicario es el primer paso. Aceptar que puede afectarnos no es rendirse, es cuidarnos para poder seguir cuidando. Algunas estrategias clave son:
Supervisión profesional continua: Espacios de contención emocional y reflexión ética.
Autocuidado intencional: Descansos, alimentación, ejercicio, espacios personales.
Límites saludables: Aprender a cerrar emocionalmente después del trabajo.
Redes de apoyo profesional y emocional: No estar solos/as ante el dolor del mundo.
Formación continua en trauma y emociones: Comprender nos protege.
Una responsabilidad compartida
Hablar de trauma vicario es hablar de salud laboral, de ética del cuidado y de justicia institucional. No se trata solo de que el individuo “se cuide”, sino de que las organizaciones e instituciones desarrollen políticas que reconozcan y atiendan este riesgo psicosocial.
Cuidar a quienes cuidan es una forma concreta de proteger a quienes más lo necesitan. Porque el dolor no se transmite sólo por palabras: se queda en los cuerpos, en las mentes y en los corazones de quienes lo escuchan cada día con compromiso y humanidad.
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