“Cuando lo inocente se vuelve peligroso: cómo las fotos de nuestros hijos en redes terminan en manos de pedófilos (una mirada desde la psicología forense)”
Como psicóloga forense, cada vez veo con más frecuencia un mismo patrón en investigaciones de explotación sexual infantil en línea:
imágenes aparentemente inocentes, tomadas y publicadas por los propios padres, terminan circulando en grupos cerrados de pedófilos, en la web abierta, en foros clandestinos o incluso transformadas con inteligencia artificial.
En este artículo te explico, desde la psicología forense, cómo y por qué sucede esto, qué impacto tiene en niñas y niños y qué podemos hacer para prevenir que el material que compartimos se convierta en combustible para redes de explotación.
1. ¿Qué está pasando exactamente?
Hoy usamos dos conceptos clave:
- CSAM (Child Sexual Abuse Material): cualquier material visual con contenido sexual que involucra a un menor, incluidas imágenes manipuladas digitalmente.
- Sharenting: la práctica de madres y padres de compartir habitualmente fotos, videos e información de sus hijas e hijos en redes sociales.
Lo preocupante es el cruce entre ambos fenómenos:
- Padres suben fotos “normales” de sus hijos (en traje de baño, uniforme escolar, cama, baño, pijama, etc.).
- Esas fotos quedan públicas o semi-públicas (amplia lista de amigos, perfiles sin candado, etiquetas, etc.).
- Personas con interés sexual en menores:
- Recolectan esas fotos, las guardan y las comparten en grupos privados.
- Las re-editan (zoom en partes del cuerpo, recortes, comentarios sexualizados).
- Cada vez más, las manipulan con inteligencia artificial para generar material abusivo “nuevo” a partir de imágenes reales.
- Estudios sobre “sharenting” muestran que muchos padres no creen que haya riesgo en compartir imágenes de sus hijos, pese a que se ha documentado que pueden terminar en sitios para pedófilos o ser usadas para suplantación de identidad.
Además, una advertencia reciente del gobierno australiano señala que alrededor del 7% de los padres que publican fotos de sus hijos han recibido al menos una vez peticiones de material sexual de sus niños, lo que muestra el contacto directo de depredadores con familias aparentemente comunes.
2. ¿Por qué las fotos “normales” atraen a pedófilos?
Desde la psicología forense, en muchos consumidores de material sexual infantil vemos:
- Fantasías persistentes y centradas en menores
Las imágenes cotidianas de niños (juego, baño, deportes, pijamas, ropa ajustada) pueden ser sexualizadas en la mente del agresor, aunque para la familia sean totalmente neutras. - Preferencia por material “real” y “espontáneo”
En foros donde se analiza el comportamiento de usuarios de CSAM, se observa que valoran imágenes que parecen auténticas, tomadas por padres, no “producidas” para la explotación. Les dan la sensación de “vida real” y cercanía. - Intercambio y estatus dentro de grupos
En comunidades de explotación infantil, quienes aportan material “nuevo”, especialmente de niños identificables (con uniforme, nombre de la escuela, ubicación geográfica) ganan estatus dentro del grupo. Eso incentiva la búsqueda obsesiva de fotos públicas de menores. - Uso de las fotos como herramienta de grooming
Las imágenes tomadas del perfil de los padres o de los propios menores se usan para:
- Ganar confianza (“sé quién eres, te vi en la fiesta de…”)
- Amenazar (“si no me mandas más fotos, comparto estas”)
- Construir una relación fingiendo “conocimiento” y cercanía.
3. Impacto en las víctimas: aunque el niño “no sepa”, el daño existe
Mucha gente se pregunta: “Si mi hijo no sabe que su foto está en un grupo de pedófilos, ¿realmente le afecta?”
Desde la psicología forense la respuesta es sí, y en varios niveles:
3.1. Vulneración de la intimidad y de la autonomía futura
- Cada foto publicada construye una huella digital del niño, sin que pueda consentir ni controlar qué se hace con su imagen.
- De adolescente o adulto, puede descubrir el uso sexualizado de esas fotos y experimentar:
- Vergüenza intensa
- Culpa (“por qué subieron eso de mí”)
- Miedo a ser reconocido
- Rabia hacia padres o cuidadores
3.2. Revictimización y trauma acumulado
Aunque el niño no haya sufrido abuso físico, el uso sexual de su imagen implica:
- Cosificación: la persona es tratada como objeto de fantasía sexual.
- Revictimización continua: cada vez que se comparte la imagen, se renueva el hecho victimario. Muchos sobrevivientes describen esto como “el abuso que nunca termina”, porque no pueden controlar dónde aparecen las imágenes.
3.3. Incremento del riesgo de abuso offline
Las fotos suelen contener pistas de localización:
- Uniformes escolares, escudos, letreros.
- Paisajes reconocibles del vecindario.
- Placas de autos, nombres de lugares.
Para un depredador motivado, estos detalles pueden facilitar el paso del consumo en línea al acercamiento físico, incrementando el riesgo de abuso sexual directo.
4. El rol del psicólogo forense: ¿cómo se analiza este fenómeno?
Se estudia:
- Qué tipo de imágenes de los niños circulan (contexto, edad, nivel de exposición corporal).
- Qué datos permiten identificar al menor (nombre, escuela, ciudad, familia).
- Cómo la exposición digital se relaciona con:
- Contactos de grooming,
- Amenazas,
- Ciberacoso sexual,
- Extorsión con imágenes íntimas (sextorsión).
5. ¿Dónde empieza la responsabilidad parental?
No se trata de culpar a madres y padres por la existencia de criminales, pero sí de reconocer el poder que tienen en la prevención.
Desde una perspectiva ético-jurídica:
- Los padres tienen el deber de proteger la intimidad e integridad de sus hijos.
- Publicar contenido que expone innecesariamente al menor puede llegar a considerarse negligencia digital, especialmente si hay advertencias claras de riesgo (como ya señalan diversas autoridades y organismos de protección de datos).
La mayoría de los padres no actúan con mala intención. Suelen buscar:
- Compartir logros y momentos felices.
- Mantener a la familia y amigos informados.
- Construir una “marca personal” alrededor de la maternidad/paternidad o incluso monetizar contenido (influencers familiares).
El problema es que las motivaciones legítimas no eliminan el riesgo, y a veces lo aumentan (por ejemplo, cuentas públicas de “niños influencers” con cientos de miles de seguidores).
6. Recomendaciones desde la psicología forense para familias
No se trata de vivir con paranoia, sino de asumir que las imágenes de niñas y niños son un blanco real para redes de explotación. Algunas pautas clave:
6.1. Antes de publicar, pregúntate:
- ¿Esto vulnera su intimidad?
- Fotos en ropa interior, pijama, traje de baño, cama, baño, en llanto, enfermos o en situaciones humillantes: mejor no publicarlas.
- ¿Estoy mostrando información identificable?
- Nombre completo, uniforme, placas, nombre de la escuela, direcciones, lugares frecuentes.
- ¿Mi hijo aprobaría esta foto a los 13, 16 o 25 años?
- Si la respuesta es dudosa, no la suba
6.2. Configuraciones técnicas mínimas
- Mantener perfiles de menores privados y revisar periódicamente la lista de seguidores.
- Desactivar la geolocalización en fotos de niños.
- No compartir en historias o publicaciones:
- Rutinas (horas de salida de la escuela, lugares fijos donde juegan),
- Datos de contacto,
- Fotos con uniforme totalmente visible.
6.3. Educación temprana en autocuidado digital
- Enseñar a niñas y niños, desde pequeños, que tienen derecho a decir “no” a una foto y a su publicación.
- A partir de cierta edad, pedir su consentimiento para publicar su imagen.
- Trabajar mensajes claros sobre:
- Cuerpo y límites,
- Secretos malos/buenos,
- Qué hacer si alguien pide fotos del cuerpo o hace comentarios raros en redes
7. ¿Qué hacer si sospechas que las fotos de tus hijos se están usando indebidamente?
Desde la práctica forense, los pasos generales (que pueden variar según el país) incluyen:
- No borrar todo de golpe
- Haz capturas de pantalla, guarda enlaces, fechas y nombres de usuarios. Eso puede ser prueba útil.
- Reportar en la propia plataforma
- Usar las herramientas de denuncia de contenido sexual infantil de la red social correspondiente.
- Denunciar ante autoridades competentes
- Policía cibernética, fiscalías o unidades contra delitos informáticos.
- En muchos países existen líneas de denuncia específicas para material de abuso infantil.
- Buscar apoyo psicológico
- Para el menor (si ya está al tanto) y para la familia, que suele sentirse culpable, avergonzada y desbordada.
8. Mensaje final
Las redes de pedófilos existen y se alimentan de lo que encuentran disponible, incluyendo fotos que se compartieron con amor, orgullo o ingenuidad.
No es culpa de las madres ni de los padres que existan personas que sexualizan a los menores.
Pero sí es responsabilidad adulta reducir al máximo la materia prima con la que esas redes trabajan.
Como regla de oro:
“Si no estarías cómodo viendo esa foto de tu hijo en manos de un desconocido con malas intenciones, tampoco la subas a internet.”
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